Lo que el mapa no cubrió

14 Jul

El trazado de las calles son las líneas –nunca rectas- que se entrecruzan con anécdotas, mascotas callejeras, árboles y fotos (nuevas y viejas). En el aparente cuadriculado empiezan a verse las formas irregulares del follaje de las plantas de Orgelia de Vilche y de su amiga Sofía Brown, que recuerdan las flores de tela que tanto le gustan. Si uno mira fijo puede oír a Benito Martínez dando una clase magistral de economía peronista a través de la ubicación del papel higiénico en el negocio familiar. Y si nos acercamos aún más, vemos los sucesivos comercios que estaban en la zona, vemos el gato que duerme en el marco de una puerta y un señor con sombrero en bicicleta que instala una escena western en el medio de Villa Mitre. Quizás, si uno se apoya contra la pared, pueda percibir el ruido del follaje de acrílico y tempera que nos muestran cuadras muy verdes y un arroyo oculto por el asfalto pero con su rivera aún visible.
Pero, ¿es el mapa el que dice, muestra, señala? ¿O son los vecinos y sus relatos que dan sentido a este soporte? ¿Qué son esos relatos que sino un intento de rehacer la ciudad de Villa Mitre a partir de lo que subyace a ese entramado de calles que cambian de nombre, de dirección y rompen con la lógica de damero del resto de la ciudad? ¿Es desde ahí de donde se constituye la autonomía? David Harvey dice que el derecho a la ciudad no es simplemente el derecho de acceso a lo que ya existe, sino el derecho a cambiarlo a partir de nuestros anhelos más profundos. Eso también es lo que está en el mapa: una playa del Caribe donde antes había un tajamar, un río de agua espumosa, una ballena que viaja en tren.

Preguntarnos sobre aquello que en el recorrido cotidiano -sobre las mismas cuadras viendo un paisaje similar todos los días- se nos comienza a olvidar… ¿cómo se llamaba el negocio de la esquina? ¿dónde queda el tajamar? ¿quién hizo el monumento del árabe? Es posible que las respuestas a estas preguntas estén orientadas a la necesidad de construir la historia del barrio entre todos, construir la memoria social de lo que desde 1906 (y desde mucho antes también) conforman las experiencias y pensamientos de quienes viven y vivieron. El mapa es una respuesta, entre otras posibles, a la necesidad vecinal de un espacio para que los relatos circulen, se compartan y, al mismo tiempo, permanezcan.

De la canal posa sobre una pelota.
El recorrido de los colectivos.
El viejo estadio.
Los árboles.
El mapa.
Los relatos.

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