La voluntad estética

3 May

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Un texto de Esteban Sabanés sobre la estética peronista, a propósito de su trabajo sobre el Barrio Obrero de Villa Mitre, Las Palabras y las Casas, en De las vías para acá, cinco acercamientos a la historia de Las Villas. Viernes 4 de mayo, 20 hs, en el Coloso Cultural, Comunitario y Popular, Garibaldi 149 (club Villa Mitre)

Buscando datos, información -en el marco del proyecto Villa Mitre 3.0 y los orígenes del ‘barrio obrero’- sobre las corrientes arquitectónicas que convivían, durante el peronismo histórico del 40’ y 50’, y se materializaban en los planes de vivienda, me llegó una anécdota bastante reveladora que pone en juego lo que sería una definición de la estética peronista.

 Dicen que algunos asesores de la Fundación Eva Perón andaban preocupados por el diseño arquitectónico adoptado en la construcción de chalets en diferentes barrios, que remitía directamente a las casas individuales de tipo californianas; erigidas en EEUU, en el marco de su Estado de Bienestar, allá por los años 30’.

 ¿Por qué no recuperar algo ligado a la estética hispana? ¿A nuestras tradiciones?, se preguntaban y finalmente le preguntaron a Evita en una reunión armada para la ocasión. También dicen que Evita los escuchó hasta que, algo cansada ya, les pidió que no jodan más, que la gente va al cine y ve esas casitas y yo, dicen que les dijo, quiero cumplirle el sueño a esa gente.

 Porque si Perón pedía ir del trabajo a la casa, Evita sabía que la gente, además, iba de su casa al cine y del cine a su casa. Es que por aquellos años, ir al cine era toda una salida, una actividad familiar o entre amigos, con un final feliz garantizado. Y si de felicidad se trata, algo similar sucede con uno de los pilares del ABC peronista: la felicidad del pueblo. Tarea ardua, volátil, si las hay.

 De alguna manera, la materialización de los sueños, de los deseos, sirve para alcanzarla. Y si se invierte dinero, la felicidad, tal vez,  se torne más accesible. Y allí está Evita, etérea, elástica, girando, no sin sentido, entre estos tópicos: las casas, los sueños, el cine.

Entonces podríamos aventurar, por un rato, que aquella estética peronista, y por ende, parte de su identidad cultural, no respondería a una línea racionalista, a una escuela de vanguardia de posguerra en particular, antes bien, en una maniobra que lo define, el peronismo recupera por un lado una escenografía norteamericana para apropiársela, complementarla con otras corrientes artísticas, y transformarla en una estética propia. Una apropiación permanente de otras estéticas. Un sano capricho mestizo. Distintivo. Al punto de que uno ve esas casitas u otras construcciones y dice, eso es del peronismo.  

 

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